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Hernán Sampietro: “Los grupos de pares acaban con el rol de enfermo y hacen de tu experiencia y sufrimiento un bagaje útil para ti y para otros”

Hernán Sampietro: “Los grupos de pares acaban con el rol de enfermo y hacen de tu experiencia y sufrimiento un bagaje útil para ti y para otros”

Hernán Sampietro es una de las personas más representativas del movimiento de grupos de pares y apoyo mutuo. Forma parte de la Federació Veus; es socio fundador y secretario de ActivaMent Catalunya Associació, y recientemente visitó nuestra Federación, donde aprovechamos para charlar un rato y aprender de su experiencia en primera persona.

-¿Cómo vive un psicólogo un problema de salud mental en su propia persona?

  • Me ha sucedido algo que me imagino le ha pasado a muchos profesionales,  que es pasar por un problema de salud mental. En mi caso tuvo bastante que ver con circunstancias vitales como que la familia se marche a 12.000 kilómetros de distancia, un momento laboral muy complicado, y un proceso que va empeorando entre otras cosas por miedo a pedir ayuda, por lo que yo imaginaba que podrían ser las consecuencias sociales de ser diagnosticado de un problema de salud mental.

 

-Es decir, ¿tú mismo tenías ciertos prejuicios?

  • Muchos, muchos; yo fui la persona que más me estigmatizó. El hecho de hacer las prácticas del último año de psicología en un manicomio hizo que tuviera una visión de la psiquiatría muy particular. Trabajaba además como psicólogo social y sabía lo que podía comportar, a nivel laboral, tener un diagnóstico. Sabía lo que me sucedía pero pensaba que lo podía superar. Lo cierto es que cuanto más lo ocultes es peor para ti, y en mi caso todo terminó en un intento de suicidio y un ingreso. Al final, todas esas las ideas preconcebidas, por ejemplo a nivel laboral, no resultaron ser así. Tuve el apoyo de quienes eran mis jefes para salir de ello.

 

-Y esos prejuicios afectan más allá del plano social, ¿no?

  • Efectivamente, porque el hecho de retrasar la aceptación hace que la intervención sanitaria se realice cuando las personas estamos muy graves, en lugar de cuando empieza el malestar.

 

– Con las consecuencias personales que eso implica..

  • Yo me demoré dos años en hacerle frente al problema, y siempre digo que ya no salí del hospital siendo la misma persona. Todo cambia, desde las circunstancias de vida hasta tu propio cuerpo.

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-¿Cuánto de importante es contar con un entorno que entienda el diagnóstico?

  • Contar con un círculo de personas a tu alrededor lo necesitan todas las personas, con o sin diagnóstico. En mi caso particular, donde además de tener un problema de salud mental se suma el hecho de ser inmigrante, si no tienes construido este círculo, es un handicap añadido al propio sufrimiento. El aislamiento y la soledad generan el mismo o más sufrimiento que tus síntomas, porque éstos pasan o desaparecen, pero la soledad y el aislamiento te pueden acompañar muchísimos años más. También existe lo que se llama discriminación anticipada, en la que evitas no vivir determinadas circunstancias que sabes van a ser desagradables y eso es una bola de nieve que crece. No somos conscientes de que el plano social es igual que el físico, donde también se pierden capacidades de no ejercitarlo, se va oxidando y, con ello, el problema mental se cronifica.

 

-¿La gente sabe cómo ayudar a esa persona que está pasando por un momento complicado?

  • Es cierto que el desconocimiento de los problemas de salud mental puede derivar en situaciones que no benefician a la persona diagnosticada. Incluso cuando se trata de ayudar es posible que se actúe de manera contraproducente. A mí mismo había gente que me decía que lo que me hacía falta era salir de fiesta, emborracharme y divertirme, y eso es nefasto. O cuando te tratan como que no pasa nada y le quitan importancia, y eso genera sentimiento de auto culpabilidad porque tu situación le puede estar haciendo daño a la otra persona.

 

-¿Qué mensaje lanzarías a la familia para mejorar su papel en la relación con la personas con diagnóstico?

  • Para mí la familia es una de las dificultades más grandes, porque para una buena parte de ella es un tabú importante, y es algo de lo que no se habla. Si no se trabaja con la familia, esto puede generar una sensación de vergüenza, porque nosotros nos miramos en el espejo de la mirada de los demás. Si hay algo de lo que “no se debe hablar” la conclusión es que ese “algo” es vergonzoso. Igualmente, el paternalismo es muy negativo, porque partiendo de la idea de defensa se entiende como el sentimiento de tener que ocultarlo,  porque es algo malo. Como ejemplo siempre pongo el caso del colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales, que en el pasado tenía que ocultarse porque era una vergüenza y ahora lo que es vergonzoso es ser homófobo. El mismo proceso deberíamos hacer con nuestro colectivo, y promover que se hable libremente de temas de salud mental.

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-¿Qué importancia adquiere en todos estos procesos la figura del ‘par’?

  • Este tipo de intervención es singular, en cuanto que es la única en la que la persona con diagnóstico no se siente diferente, donde sientes que tú te puedes convertir en una referencia para los demás. Que todo lo que has vivido no sea tan sólo un sufrimiento vacío, sino que se convierta en un bagaje de experiencias que puede ser útil para ti mismo pero también para otros. Lo que permiten los grupos de pares es acabar con el rol de enfermo, que en salud mental tiene tanto peso y cronifica tanto. Es terminar con el hecho de que siempre haya alguien que sabe más que tú lo que te pasa, lo que necesitas; ser  siempre la persona cuidada… estar en una posición social inferior aunque sea desde el amor. Suelen ser relaciones asimétricas, donde lo que te sucede debe desaparecer, porque se intentan eliminar los síntomas y el sufrimiento, pero en las relaciones de apoyo mutuo lo que tú has vivido es un aprendizaje para ti y para los demás. Tú también puedes ser de ayuda para los otros, un espejo de aprendizaje que sólo tú tienes.

 

-¿Qué personas pueden participar en esos grupos de apoyo mutuo?

  • Cualquier persona con un diagnóstico puede formar parte de los grupos y hacer un proceso de aprendizaje. No hace falta ni formación académica ni características especiales. Sólo debes haber vivido una experiencia de salud mental y querer participar en grupos de apoyo mutuo. Esa es la fórmula de aprendizaje, e ir analizando aquellas cosas que nos han salido mal y hacer material didáctico para que el resto lo pueda aplicar.

 

-¿Qué papel consideras que juegan los movimientos asociativos en la visibilización, sensibilización y lucha contra el estigma?

  • La realidad es que hasta que los movimientos asociativos no empezaron a intervenir en asuntos políticos, los derechos en salud mental ni siquiera se contemplaba en el Plan de Salud y Adicciones de la Generalitat de Catalunya. Siempre se veía desde un plano asistencialista y paternalista. Los movimientos en primera persona son fundamentales en tres planos de incidencia: uno que tiene que ver con cambiar las concepciones y cambios de paradigmas como el de recuperación por curación; otro que se refiere al cambio legislativo, y otro plano más amplio que tiene que ver con el cambio de las estructuras sociales. Lo que es una realidad incuestionable es que los colectivos de las minorías activas generan cambios.

 

-¿Crees que la próxima revolución en salud mental vendrá de la mano de estos movimientos?

  • Por supuesto, de hecho estoy convencido de que prácticas actuales que se realizan de manera sistemática serán delito en la próxima década, por ejemplo, las contenciones mecánicas y el electroshock, como lo son hoy las lobotomías.  Ahora hay algunas iniciativas que se están poniendo en marcha, como proyectos piloto, como son la promoción del apoyo mutuo fuera del ámbito sanitario, que será también beneficioso para el actual sistema sanitario que actualmente es insostenible, y que se desarrollarán de forma más inmediata.

 

 

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