El inicio del curso escolar es una buena oportunidad para recuperar rutinas, reencontrarse, aprender y volver a poner en equilibrio el tiempo que niños, niñas y adolescentes pasan dentro y fuera de las pantallas. Educar para un uso saludable de la tecnología es también educar para cuidar la salud mental.
El próximo 9 de septiembre comienza el curso escolar en Castilla y León para gran parte del alumnado de nuestra comunidad, y con la vuelta a las aulas regresan los horarios, los deberes, las actividades extraescolares y las relaciones cotidianas con compañeros y compañeras. Pero hay algo que ya forma parte inseparable de la vida escolar, familiar y social de niños, niñas y adolescentes: la tecnología.
Móviles, tabletas, videojuegos, redes sociales, plataformas educativas, mensajería instantánea o contenidos audiovisuales ofrecen enormes posibilidades para aprender, relacionarse, comunicarse y acceder a información. La Guía de promoción del buen uso de las TIC en la comunidad desde los servicios sanitarios, editada por SACYL y que coordinamos su elaboración desde nuestra Federación, parte precisamente de esta realidad: las TIC aportan oportunidades, pero un uso inadecuado o excesivo también puede afectar al bienestar físico, emocional y social, especialmente durante la infancia y la adolescencia.
Por eso, desde la Federación Salud Mental Castilla y León queremos aprovechar la vuelta al colegio para recordar una idea sencilla: educar en salud mental también significa educar en salud digital.
Saber utilizar un móvil no significa saber utilizarlo bien
Con frecuencia hablamos de niños, niñas y adolescentes como “nativos digitales”. Han crecido rodeados de dispositivos y pueden aprender rápidamente a utilizar aplicaciones, videojuegos o redes sociales.
Pero esa familiaridad con la tecnología no significa que dispongan automáticamente de las competencias necesarias para proteger su privacidad, reconocer un riesgo, gestionar el tiempo de conexión, interpretar críticamente la información o pedir ayuda ante una situación problemática.
La guía plantea incluso la necesidad de evitar que se conviertan en auténticos “huérfanos digitales”: menores que se desenvuelven con soltura por Internet, pero lo hacen sin suficiente orientación, acompañamiento, límites o educación por parte de las personas adultas.
La respuesta, por tanto, no puede consistir únicamente en prohibir. Tenemos que acompañar, enseñar, escuchar y establecer límites razonables.
Pantallas y salud mental: buscar el equilibrio
El problema no es la tecnología en sí misma. La dificultad aparece cuando desplaza otras actividades fundamentales para el desarrollo y el bienestar.
La guía identifica diferentes consecuencias que pueden aparecer ante un uso problemático: dificultades para desconectarse, irritabilidad, aislamiento, disminución de las relaciones cara a cara, problemas de rendimiento escolar, exposición al ciberacoso, problemas relacionados con la privacidad o una preocupación excesiva por redes, juegos y actividades online.
También existe una relación especialmente importante con el descanso. Los datos analizados en la publicación muestran que, a medida que aumenta el tiempo frente a las pantallas, puede empeorar el descanso nocturno.
El comienzo de curso puede convertirse, precisamente, en un buen momento para recuperar rutinas de sueño, comidas, estudio, deporte, ocio, convivencia familiar y relaciones presenciales.
Porque la tecnología puede complementar nuestra vida, pero no debería sustituirla. La prevención debe procurar que las necesidades básicas, la salud, las relaciones familiares, la actividad escolar y la convivencia mantengan siempre su espacio frente a móviles, videojuegos o redes sociales.

Siete pequeños compromisos para comenzar bien el curso
No hacen falta grandes estrategias. Muchas veces, algunos cambios cotidianos pueden ayudar a crear una relación más equilibrada con las pantallas.
1. Recuperar horarios y rutinas.
Dormir, alimentarse adecuadamente, estudiar, hacer ejercicio, jugar y disponer de tiempo para relacionarse tienen que volver a ocupar un lugar central.
2. Crear momentos y espacios sin pantallas.
Podemos establecer zonas libres de dispositivos —como el dormitorio— y reducir su presencia durante las comidas o los momentos familiares. La guía recomienda también evitar las pantallas entre una y dos horas antes de acostarse.
3. Proteger el tiempo de estudio.
Notificaciones, mensajes y redes sociales compiten continuamente por nuestra atención. Durante el estudio o las tareas escolares puede resultar útil mantener los dispositivos que no sean necesarios silenciados, apagados o fuera de la habitación.
4. Hablar de lo que ocurre en Internet.
No deberíamos preguntar únicamente “¿cuánto tiempo has estado con el móvil?”. También interesa saber qué ven, con quién hablan, qué videojuegos utilizan, qué redes les gustan o si algo les ha hecho sentir incómodos. Una comunicación abierta facilita que puedan recurrir a una persona adulta cuando aparezca un problema.
5. Establecer normas claras, pero también compartidas.
La mediación activa propone acompañar a niños, niñas y adolescentes, conocer las plataformas que utilizan y consensuar normas comprensibles que favorezcan progresivamente su responsabilidad.
6. Educar en privacidad y pensamiento crítico.
Antes de compartir una fotografía, aceptar a una persona desconocida o difundir información conviene aprender a detenerse y pensar. La educación digital también significa distinguir fuentes fiables, comprender la publicidad y proteger los datos personales.
7. Las personas adultas también tenemos deberes.
Es difícil pedir que dejen el teléfono durante la comida si las personas adultas continuamos consultándolo. Como recuerda la guía, una de las herramientas educativas más poderosas de madres, padres y otras personas cuidadoras es el ejemplo.
¿Cuándo debemos prestar más atención?
No todo uso intenso significa que exista un problema. Pero sí conviene observar cambios respecto al funcionamiento habitual del niño, niña o adolescente.
Algunas señales pueden ser el abandono de actividades que anteriormente resultaban satisfactorias, aislamiento, empeoramiento del rendimiento académico, alteraciones importantes del sueño, irritabilidad o cambios bruscos de humor vinculados al uso de los dispositivos, aumento de los conflictos familiares o una necesidad constante de estar conectado.
Detectar estos cambios pronto permite actuar también pronto. Y hacerlo desde el acompañamiento es fundamental. Frente a un problema online, la primera reacción adulta no debería provocar que el menor piense: “la próxima vez no se lo cuento”.
Escuchar, comprender qué ha ocurrido, mantener la confianza y buscar conjuntamente una solución constituye una mejor estrategia preventiva que responder exclusivamente desde el miedo o el castigo.

Escuela, familia, salud y comunidad: una responsabilidad compartida
La salud digital de niños, niñas y adolescentes no puede recaer únicamente sobre las familias. Los centros educativos tienen un papel fundamental, pero también los servicios sanitarios, los servicios sociales, las administraciones, las entidades del tercer sector y el conjunto de la comunidad.
La guía defiende precisamente esta mirada comunitaria. La colaboración entre profesionales de la salud, profesionales de la educación, familias y alumnado resulta esencial para prevenir y abordar de manera integral los problemas relacionados con las TIC en el entorno escolar.
Desde Atención Primaria existe además una posición especialmente valiosa para trabajar con menores y familias, promover hábitos saludables, detectar precozmente posibles situaciones de riesgo y coordinar la respuesta con los centros educativos y otros recursos de la comunidad.
Volver a las aulas también es volver a conectar
Quizá uno de los mensajes más importantes en esta vuelta al cole sea precisamente ese, conectar no siempre significa estar conectado. Conectar es hablar; jugar; escuchar; hacer deporte; aprender; aburrirse alguna vez; compartir una comida; encontrarse con amigos y amigas; pedir ayuda; dormir bien; sentirse parte de un grupo; disfrutar de la tecnología y saber, también, cuándo dejarla a un lado.
Las TIC forman parte de nuestro presente y formarán todavía más parte del futuro de nuestros niños, niñas y adolescentes. El reto no consiste en apartarlos de ese futuro, sino en proporcionarles las herramientas necesarias para vivirlo de una manera segura, crítica, responsable y emocionalmente saludable.
Volvamos a las aulas cuidando también nuestra salud digital. Porque enseñar a utilizar bien la tecnología es otra manera de cuidar la salud mental.



