Hoy, en el Día Mundial de la Salud Mental, nos reunimos en Aranda de Duero bajo el lema “Compartimos vulnerabilidad, defendamos nuestra salud mental”. Este lema nos recuerda que la salud mental no es un asunto individual ni aislado, sino un bien común y un pilar de cohesión social. Todos y todas, en algún momento
de nuestra vida, atravesamos fragilidades que nos hacen más humanos y nos invitan a construir comunidades más cuidadoras, inclusivas y justas.
Sabemos que no hay salud mental sin justicia social. La pobreza, el desempleo, la vivienda inadecuada, la soledad no deseada, la discriminación y la violencia son factores que aumentan el sufrimiento psíquico.
Por ello, queremos recordar especialmente:
- A las mujeres, sobrecargadas de cuidados y aún expuestas a la violencia machista.
- A las personas mayores, que padecen aislamiento y dependencia.
- A niñas, niños y adolescentes, que afrontan nuevas vulnerabilidades en el ámbito familiar, educativo y digital.
- A las personas en situación de exclusión, personas migrantes o población LGTBIQ+, que siguen siendo blanco de estigma y barreras sociales.
- A laspersonas que viven en el medio rural, que cuentan con menos recursos y una mayor dificultad en el acceso.
En este punto, queremos hacer especial hincapié y recordar las situaciones de catástrofes y emergencias —como las vividas este año en Castilla y León a causa de los incendios—. En estos casos el cuidado de la salud mental y la salud emocional resulta fundamental. La vivencia de pérdidas, el desarraigo, la incertidumbre o el impacto colectivo de estos acontecimientos generan un sufrimiento que requiere respuestas rápidas, coordinadas, sostenidas y comunitarias.
La Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas nos llaman a abandonar los modelos exclusivamente biomédicos y a avanzar hacia un enfoque biopsicosocial y comunitario, basado en los derechos humanos, la participación activa de las personas y la desinstitucionalización.
Esto significa:
- Rechazar el estigma y las prácticas coercitivas.
- Defender la autonomía y el consentimiento informado.
- Invertir en recursos humanos bien formados y con sensibilidad hacia la dignidad.
- Apostar por la integración real de los sistemas sanitario, social, educativo y laboral.
Compartir vulnerabilidad no es signo de debilidad, sino de empatía, solidaridad y coraje colectivo. Al hacerlo, fortalecemos el tejido comunitario y defendemos la salud mental como un derecho que nos une a todos y todas.
Por tanto, exigimos a las administraciones públicas, a las instituciones y a toda la sociedad que:
- Universalicen la atención en salud mental desde la comunidad, con equipos multidisciplinares cercanos a las personas.
- Incluyan la salud mental en todas las políticas públicas, porque la vivienda, el empleo, la educación y la justicia también son salud mental.
- Refuercen la prevención y promoción en escuelas, familias, entornos laborales y digitales.
- Protejan los derechos humanos de las personas con experiencia en salud mental, fomentando su participación en la toma de decisiones y en su propio proyecto de vida.
- Apuesten por la humanización de la atención, erradicando el estigma y garantizando la igualdad de trato.
- Aseguren condiciones de vida dignas, libres de pobreza, violencia y discriminación.
Hoy afirmamos con claridad:
Defender la salud mental es defender la justicia social, la equidad y los derechos humanos. En Aranda de Duero, en Castilla y León y en el mundo, alzamos la voz para que la vulnerabilidad compartida sea reconocida como una realidad desde la que construir un presente y un futuro más humano, solidario y sostenible.



