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Detectar a tiempo para cuidar mejor; la fórmula de nuestros Programas de Atención Infanto-Juvenil

La salud mental de la infancia y la adolescencia se ha convertido en uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo. En el conjunto del movimiento asociativo de Salud Mental Castilla y León, la atención infanto-juvenil ha mantenido en 2025 una presencia cada vez más consolidada. A lo largo del año, los distintos programas desarrollados por las asociaciones de Aranda, Ávila, Burgos, León, Miranda, Palencia, Valladolid y Salamanca han atendido a un total de 172 niños, niñas y adolescentes, reflejando el crecimiento de la demanda y la necesidad de recursos especializados en esta etapa vital.

Dentro de este marco autonómico, Salamanca ha acompañado a 18 menores, integrándose en una red territorial que permite dar respuesta comunitaria, cercana y coordinada al malestar emocional de la infancia y la adolescencia, y evidenciando el papel clave del movimiento asociativo en la prevención y el apoyo temprano en salud mental.

El Programa Infanto-Juvenil de Salud Mental Salamanca acompaña a niños, niñas y adolescentes que atraviesan situaciones de sufrimiento emocional y vulnerabilidad psicosocial, muchas veces invisibles, pero profundamente impactantes en su desarrollo personal, familiar y educativo.

La intervención, centrada mayoritariamente en adolescentes —especialmente chicas—, pone de relieve realidades complejas: problemas de ansiedad y depresión, aislamiento social, dificultades en el ámbito escolar, uso problemático de las TIC o incluso conductas autolesivas e ideación suicida. Más del 80 % de las derivaciones llega a través del entorno familiar y educativo, lo que confirma tanto la capacidad de detección temprana de los centros escolares como la creciente conciencia de las familias ante el sufrimiento emocional de sus hijos e hijas.

La intervención se desarrolla principalmente mediante sesiones individuales, con un enfoque psicoeducativo y terapéutico centrado en la gestión emocional, la mejora de la autoestima, las habilidades sociales y el acompañamiento familiar. En la mayoría de los casos, los menores están escolarizados en centros ordinarios, pero presentan bajo rendimiento, absentismo o problemas de adaptación, lo que refuerza el papel preventivo del programa para evitar procesos de exclusión educativa y cronificación del malestar.

En esta entrevista, María Hernández Blázquez, psicóloga del Programa Infanto-Juvenil de Salud Mental Salamanca, comparte su mirada profesional sobre estos datos, los retos que plantea la alta complejidad clínica y emocional de muchos casos y la importancia de una intervención temprana, comunitaria y coordinada. Una conversación que ayuda a poner rostro y contexto a unas cifras que reflejan una realidad cada vez más presente en nuestra sociedad.

. ¿Podrías contarnos en qué consiste el Programa de Atención Infanto-Juvenil y cuáles son sus principales objetivos?

El Programa de Atención Infanto-Juvenil está dirigido a niños, niñas y adolescentes que presentan dificultades emocionales, conductuales o de adaptación en su día a día. Nuestro objetivo principal es ofrecer un acompañamiento psicológico especializado que permita detectar, abordar y prevenir problemas de salud mental desde edades tempranas.

Trabajamos tanto con los menores como con sus familias, ofreciendo evaluación, intervención psicológica individual o grupal, apoyo socioeducativo y orientación para el entorno familiar y escolar. Buscamos generar espacios seguros donde puedan expresar lo que sienten, comprender lo que les ocurre y desarrollar herramientas que favorezcan su bienestar.

2. ¿Qué tipo de dificultades o problemáticas son las más frecuentes entre los menores que acuden al programa?

Las dificultades que atendemos son muy diversas, pero destacan especialmente los problemas relacionados con la gestión emocional: ansiedad, tristeza profunda, irritabilidad, dificultades para regular el estrés, baja autoestima y conflictos en las relaciones con iguales. También intervienen factores como la presión académica, situaciones de acoso escolar o el impacto del uso intensivo de redes sociales.

En los últimos años hemos observado un aumento notable de conductas de autolesión, que suelen aparecer como una manera de canalizar o aliviar un malestar emocional que no saben cómo expresar de otra forma. Este incremento nos alerta de la importancia de hablar abiertamente sobre salud mental con los menores y de ofrecerles apoyo temprano y accesible.

3. ¿Cómo es el proceso de intervención psicológica que se lleva a cabo con los menores y sus familias?

El proceso comienza con una evaluación inicial donde recogemos información sobre la situación emocional, familiar, escolar y social del menor. A partir de esa valoración diseñamos un plan de intervención individualizado, adaptado a su edad y a sus necesidades específicas.

Las familias tienen un papel fundamental durante todo el proceso: trabajamos estrechamente con ellas para ofrecer orientación, estrategias y acompañamiento, ya que su implicación es clave para la evolución del menor. A lo largo de la intervención realizamos seguimientos y revisiones para valorar los avances y ajustar el trabajo cuando es necesario.

4. ¿Qué importancia tiene la prevención y la detección temprana de los problemas de salud mental en la infancia y la adolescencia?

La prevención y la detección temprana son esenciales. Cuando identificamos de forma precoz las señales de malestar, podemos intervenir antes de que las dificultades se agraven o afecten profundamente al desarrollo emocional, social y académico del menor.

Por eso trabajamos de forma coordinada con centros educativos y sanitarios, y participamos en acciones de sensibilización. La prevención no solo evita que los problemas se cronifiquen, sino que mejora significativamente la calidad de vida de los niños y adolescentes.

5. Desde su experiencia, ¿ha notado un aumento en la demanda de atención psicológica en niños y adolescentes en los últimos años? ¿A qué cree que se debe?

Sí, en los últimos años la demanda se ha incrementado de manera evidente. Esto se debe a una combinación de factores: una mayor sensibilización y menos estigma a la hora de pedir ayuda, el impacto emocional de los últimos años en las dinámicas familiares y escolares, la presión académica y la influencia de las redes sociales en la autoimagen y las relaciones. Aunque el aumento de la demanda refleja situaciones de malestar, también muestra que las familias están más atentas y que buscan apoyo con mayor rapidez, lo cual es positivo.

6. ¿Qué papel juega la coordinación con otros profesionales o instituciones en el éxito del programa?

La coordinación es fundamental. Trabajar en red con colegios, servicios sociales, pediatría u otros profesionales nos permite tener una visión global de la situación del menor y garantizar que reciba el apoyo adecuado en todos sus entornos.

La colaboración entre profesionales mejora significativamente la eficacia de la intervención y nos permite acompañar a los menores de manera coherente, integral y continua.

7. Finalmente, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a las familias o jóvenes que pueden estar atravesando una situación de malestar emocional?

Me gustaría transmitirles que pedir ayuda es un paso valiente y necesario, y que no tienen por qué atravesar ese momento solos. Todos, también los niños y adolescentes, pueden pasar por situaciones difíciles, y reconocerlo es el primer paso para comenzar a sentirse mejor. A las familias, las animo a confiar en su intuición y buscar apoyo si detectan señales de preocupación; y a los jóvenes, recordarles que su bienestar importa y que siempre es posible encontrar herramientas y acompañamiento para salir adelante.

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