Los pasados días 7 y 8 de mayo de 2026, el Auditorio Adán Martín de Tenerife se convirtió en el epicentro de la salud mental en España bajo el lema «Juventud con salud mental, futuro con esperanza». El 23º Congreso de la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA reunió a expertos, familiares y personas con experiencia propia para abordar una realidad urgente: el deterioro del bienestar emocional de la población joven, agravado tras los años de pandemia.
Desde la Federación Salud Mental Castilla y León, nuestra participación ha sido encabezada por nuestra presidenta, Elena Briongos, junto a Ángel Lozano, gerente de la Federación, y Belén Peña, representante del Comité Pro Salud Mental En Primera Persona. Además, contamos con la destacada intervención técnica de Blanca Cuesta, psicóloga de la asociación Salud Mental Aranda, quien formó parte de la mesa de presentación del Estudio “La Atención a la Salud Mental Infanto-Juvenil” (investigación aplicada para el diagnóstico y la formulación de propuestas desde las entidades de la red Salud Mental España).

Investigación para una atención más humana
Uno de los hitos del congreso fue la presentación del citado estudio, un estudio cualitativo que diagnostica la situación actual de los y las menores y jóvenes en nuestro país. Durante su intervención, Blanca Cuesta subrayó que «investigar en salud mental es imprescindible» porque permite trabajar desde la evidencia y no «a ciegas», asegurando que las intervenciones se ajusten realmente a las necesidades de los y las menores.Blanca enfatizó un concepto fundamental: «investigar es una forma de escuchar». Si no se incorpora de manera sistemática la voz de los niños, niñas y adolescentes, se corre el riesgo de diseñar proyectos desde una perspectiva adulta que no funciona en la realidad diaria de los y las jóvenes.
Durante las jornadas se abordaron varios conceptos clave que marcarán el futuro del movimiento asociativo. Uno de los principales debates giró en torno a la necesidad de evitar el “etiquetado” clínico y la tendencia a patologizar los malestares propios de la vida. Las personas expertas advirtieron del riesgo de que niños, niñas y jóvenes acaben asumiendo un diagnóstico como su única identidad, y coincidieron en la importancia de que el entorno contribuya a que no se sobreidentifiquen con esas etiquetas.

También se analizó el impacto de los factores sociales en la salud mental juvenil. En este contexto, se describió a las y los jóvenes como los “canarios de la mina” de una sociedad marcada por la precariedad, donde la incertidumbre, la soledad o las dificultades de acceso a la vivienda afectan de forma directa a su bienestar emocional.
Por último, se reivindicó el papel de la red asociativa como un apoyo esencial frente a la falta de recursos y la excesiva medicalización. El movimiento asociativo fue presentado como una estructura humana y cercana, capaz de ofrecer acompañamiento profesional y espacios seguros donde las personas puedan expresarse y sentirse acogidas.
Un compromiso por el futuro
El congreso concluyó con un fuerte mensaje de esperanza y una llamada a la acción. Como bien recordó el presidente de la Confederación Salud Mental España, Nel Anxelu González, «nadie construye el futuro en solitario». La salud mental infanto-juvenil no es solo un reto sanitario, sino un compromiso colectivo que involucra a la educación, la familia y las instituciones públicas.
Desde la Federación Salud Mental Castilla y León, regresamos con la firme convicción de seguir impulsando espacios donde la escucha activa y la prevención sean las bases para que nuestra juventud pueda, efectivamente, caminar hacia un futuro lleno de esperanza.


